Mi propia historia

Amistades tóxicas en póker: lo que suman… y lo que restan.

¿Es el póker un mundo hostil?

Antes de volver a jugar, no lo sentía así. Pero claro… cuando hay dinero en juego, todo cambia.

Nunca había pisado un casino ni participado en este tipo de torneos en vivo. Ahora, un tiempo después, puedo decir que me he apartado de mucha gente, he dejado de lado a otros… y apenas escucho a nadie.

Soy una persona introvertida, pero me gusta conocer gente y descubrir quién hay detrás. En el póker lo intenté (y lo sigo intentando) para crecer, compartir y mejorar. Pero la realidad es que el ambiente muchas veces es hostil, a veces directamente tóxico y, en otras ocasiones, simplemente inadecuado para mis objetivos.

Desde que retomé el póker, soy oyente habitual del programa semanal Marca Póker. Hace no mucho, un episodio me hizo ver con claridad que, en este juego —como en la vida— hay que alejarse de las personas que no suman, de aquellas que te roban energía en lugar de recargártela.

En este tiempo me crucé con gente que compartía algo “por lástima” o con cierto aire de superioridad. Recuerdo a un jugador muy bueno que me dijo:

“Te contaré algo porque me caes bien, pero no se lo digo a todo el mundo.”

No entraré en la mano exacta, pero estábamos analizando un spot con una lectura de rango que, en mi opinión, era muy precisa. Yo le comenté:

“Si tenemos esa lectura, ¿para qué pagar postflop? Si confiamos en nuestro análisis, lo lógico es foldear.”

La conversación terminó ahí, sin más. Ese día entendí que, a veces, compartir no es realmente compartir: es marcar territorio o alimentar el ego.

Otras veces encuentras a gente que lleva toda su vida jugando al póker y no entiende que estudies, que te prepares, que quieras avanzar y llegar más lejos esforzándote. Recuerdo a un jugador veterano decirme:

“El póker es así: cuando las cartas salen, salen. Y cuando no quieren nada… aquí la suerte es clave.”

Todos los que amamos este juego sabemos que el póker no es solo suerte… ¿o no?

También están los que dominan todas las palabras técnicas que al principio me sonaban a arameo. Ahora ya entiendo muchas, pero algunos te hablan en clave y luego sueltan que “al póker no se juega ni GTO ni explotativo”. Entonces… ¿a qué jugamos?

Está el que ofrece “coaching gratis” en la mesa, el que te pregunta tu ABI antes incluso de tu nombre o el que quiere ver tu gráfica. Vamos, que les importa bien poco quién eres.

Y, por último, el clásico más común: el llorón. El que siempre dice que las cartas nunca le caen a él. Aquí me pregunto: si estás jugando a un juego matemático y tienes un 80% de ganar o unas odds de 5 a 1… ¿no es lógico que, a veces, pierdas?

El entorno importa, y mucho

En póker, como en cualquier disciplina, las personas que te rodean moldean tu mentalidad. Si estás rodeado de quejas, victimismo o ego, tarde o temprano eso se filtra en tu juego.

No se trata de ser elitista ni de aislarte del mundo, sino de elegir bien a quién escuchas y con quién compartes tiempo y manos. Busca gente que celebre tus logros, que te rete con respeto, que se alegre de tus avances y te ayude a mejorar.

Después de todo este tiempo, solo mantengo conversaciones de póker con un amigo mucho más experimentado que yo. Me escucha, me reta, me ayuda, pero sobre todo lo hace con respeto y con auténticas ganas de que crezca mucho más. Siempre me dice:

“Pronto te llegará tu momento.”

Al final, este juego ya es lo bastante duro como para cargar con energías negativas. Elige bien tu círculo: tu mente y tu bankroll te lo agradecerán.


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